Mr. Green, Sin Sangre
Marco Antonio De La Parra
LA NACION

Es interesante que quizás entre lo mejor que hay en
cartelera figuren dos trabajos que están en las
antípodas. Por un lado, Visitando al Sr. Green, un
trabajo realista, clásico, un texto dramatúrgico de
gran éxito mundial donde el Ictus, que de vez en
cuando deja la creación colectiva, su fuerte, para
emprenderla con una dramaturgia de autor, hace una
jugada maestra cruzando un par de actores como
Nissim Sharim, emblema del Ictus, con el díscolo
diputado y muy talentoso actor Álvaro Escobar. Difícil
comentar una obra sobre la segregación sin contar
las revelaciones clave de la pieza.

Dejémoslo en que se pasa un muy buen rato en lo que
aparenta ser una comedia pequeñoburguesa y se va
revelando como una obra con un trasfondo oscuro
donde la actuación está contenida bajo una dirección
férrea y al mismo tiempo muy sutil de Alejandro
Castillo, a quien siempre es bueno volver a ver. El
dolor, el lado oculto de la luna, va emergiendo a
través de lo que parecen guiños cómicos para un par
de puntos de giro que la convierten en un drama muy
bien resuelto por una compañía de gran pero gran
experiencia. Sharim está fabuloso y Álvaro
impecable, evitando el melodrama para dejar
pensando a su público tras un espectáculo
entrañable. En el otro extremo el magnífico trabajo
(esperable ya en un grupo que se llamó La Troppa y
al que tenemos que acostumbrarnos a rebautizar
como Teatro Cinema) que es "Sin sangre", una pieza
de relojería inspirada en una novela menor de Baricco
que Zagal, Pizarro y compañía (cada vez son más
arriba y debajo de la escena) convierten en un
juguete dramático de fuerte impacto emocional.

Los efectos visuales son absolutamente
sorprendentes y han provocado una cierta polémica
entre su público, donde hay fanáticos como mi mujer
y un servidor, así como dudosos espectadores a
quienes les cuesta asumir la evolución de un trabajo
de altísima exigencia técnica donde hay nombres que
ya son inolvidables en nuestro teatro, como la
dirección de arte de Rodrigo Bazaes, entre los
mejores de nuestro país junto a Jorge Chino
Gonzales, curiosamente el muy correcto escenógrafo
del espectáculo del Ictus. "Sin sangre" intenta
aterrorizar y conmover y cuando mejor funciona es en
el momento que toca la fibra emocional e íntima. El
resto de la obra está sorprendiendo con tal cantidad
de efectos visuales, que precisa volverse a ver para
poder ir más allá del despliegue, siempre
impresionante, de este deslinde entre el cine y el
teatro donde no sabemos si estamos viendo una
película o una obra teatral, y todo, actuación,
movimientos, escenografía, está al servicio de una
especie de trampantojos, de espejismo, de ilusión
permanente.
Visitando al Sr. Green opened in Santiago on October 18,
2007.  The production starred
Nissim Sharim and Álvaro
Escobar
, and was directed by Alejandro Castillo.

A second production ran in 2012 and 2014, starring
Álvaro
Escobar
and Edgardo Bruna, once again directed by  
Alejandro Castillo.
Gran logro de Nissim Sharim y Álvaro Escobar
Javier Ibacache V.
LA SEGUNDA

De estructura sólida, ritmo ágil y diálogos sinuosos,
“Visitando al Sr. Green” contabiliza 300 versiones desde
su estreno en Nueva York, hace una década, y en su
debut en Chile, conserva los méritos gracias a la fluída
conjunción que Nissim Sharim y  Álvaro Escobar
alcanzan en escena.
El aurtor del texto, Jeff Baron, proviene del off-Brodway  
y anota en su currículo libretos para la televisión, lo que
hace de la pieza una suma armónica entre los temas que
usualmente se abordan en ese circuito y la probada
efectividad de la comedia dramática ideada para la
pantalla chica.

La anécdota se sustenta en la forzosa convivencia que en
las afueras de Manhattan deben sostener, una vez por
semana, un judío octogenario que ha enviudado
recientemente (el señor Green, a cargo de Nissim
Sharim) y un ejecutivo bancario que ronda los 30 años
(Ross Gardiner, interpretado por Álvaro Escobar), luego
que una jueza condenara a este mismo a prestar
asistencia domiciliaria.

Aunque las visitas de cada Jueves al departamento del
anciano compensan las penas de un casi atropello,
pronto el encuentro accidental da paso al
establecimiento de un vínculo que salva la diferencia
generacional y la soledad en que ambos se encuentran.

Dividida en dos actos con un breve intermedio, la obra
adopta  a mitad de camino un giro que incrementa el
interés y lo que parte como una parodia del judío
aprensivo, suspicaz y receloso deriva en un drama
intimista donde se pone a prueba la tolerancia en un
entorno exitista y se equipara la diáspora con la
marginación sexual.

Mas próximo a textos de espesor dramático o a
escrituras francesas cifradas, Alejandro Castillo conduce
la puesta con comodidad. Su dirección se preocupa de
equilibrar los dos caminos por los cuales avanza la
trama, dosifica con mesura los elementos de humor y
facilita que la representación no pierda el tono de
sencillez cotidiano, aún en los pasajes de mayor
confrontación.

Esa manera de enfrentar el texto permite que la puesta
se apoye en último caso en las experiencias silenciadas
por los personajes y que el nudo emocional quede fuera
de la escena, en la zona de lo no-dicho.

Para ello cuenta con dos actores de tradiciones
contrapuestas, cuya reunión se transforma
paradójicamente, en el mejor soporte para el texto.
Mientras Sharim encarna con propiedad al inmigrante
apegado a la Torah y al Yiddish, imbuído en los
modismos de una generación, Escobar exhibe un peso
interpretativo que marca un punto de inflexión respecto
de sus anteriores trabajos y dota a su personaje de  una
profundidad a tono con el conjunto, sin apartarse del
retrato de una generación de hijos de inmigrantes judíos
despercudidos de los cánones y por sobre todo liberales.

Pese a la atmósfera que instala la música tradicional de
la Kelzmer Conservatory Band y las referencias a Nueva
york, el montaje avanza mas allá de la discusión en torno
al culto israelita, la persecución de un pueblo y la
sombra del holocausto para dar cuerpo a un acto de
reparación entre padres e hijos que mutuamente se
honran pese a las palpables diferencias.

La puesta gana estatura extra gracias al trabajo de
diseño integral de Jorge “Chino” González que no
descuida detalles en la recreación del interior del
departamento del señor Green y la iluminación de
Alejandro Castillo que acompaña las transiciones.

Junto con saldar la deuda con una obra traducida a 23
idiomas, la representación de 90 minutos reúne todos los
elementos para sostenerse por largo rato en la cartelera
de la sala La Comedia.
Chile
Visiting Mr. Green